
Vértigo. Eso es justo lo que sientía. Un vértigo horrible de mirar hacia abajo y ver un vacío inmenso, amenazante, y al mismo tiempo tentador. Un paso me separaba de ese viaje a la despedida, avanzar un pie, y luego el otro, simple. Dicen que, cuando estás a punto de morir, pasa tu vida por delante de tus ojos, como una película muy muy rápida. Y es cierto. Y, entonces, una imagen de mi película se congeló. Eras tú, con esos ojos con los que me gusta que me mires, ahí, plantado delante de mí, de pie en mitad de la nada. Tú, tan guapo como siempre, sonriéndome. Y luego vinieron esas tardes, esos besos, esos abrazos, y cada segundo a tu lado. Y, justo entonces, salté.
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