Nos pasamos la vida buscando magia por todos lados. Buscamos chispas, grandes explosiones, humo de colores, un mago con chistera y varita que invente un conejo blanco y mil pañuelos de colorines.
Lo que no sabemos es que la magia puede estar en un cruce de miradas, en una sinfonía de sonrisas, al final de la calle o en la esquina de enfrente, en el escaparate por el que pasas siempre, en un cambio de planes de última hora, en la estrella más pequeñita del firmamento en una noche despejada, en un beso furtivo robado a ese alguien especial, en dos manos entrelazadas, en ti, en mí, o incluso, en un soplo de purpurina.
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