Brillante, afilada, lista para actuar. Dudosa, pero segura al mismo tiempo, un poco de presión deja paso a la hoja en mi interior. Las lágrimas resbalan, una, y otra, y otra, y lágrimas rojas resbalan también, deseosas de encontrar la salida de mi tenebroso interior, en el que el caos reina de un modo hasta entonces desconocido.
Vuelvo a sentir presión de mi plateada amiga, una nueva puerta se abre, y más lágrimas teñidas de rojo caen y caen, quieren salir todas, y dejarme sola, como tú. Las salidas se multiplican, y cada vez noto menos dolor y menos pensamientos, tal vez sea la conmoción, tal vez un pre-coma inducido, o quizás sean solo arañazos de la guadaña, invitándome a mi lugar ya definido, ahí arriba, o ahí abajo. Una batalla interna estalla en mí, ella quiere seguir, abriendo más y más salidas hasta dejar seco a mi pobre corazón, que no aguantaría una sola lágrima menos, de esas de las que él llora, y yo, yo tengo miedo de decir adiós.
Tengo miedo de aceptar que, sí así pasara, nunca más me ibas a poder abrazar, ni me ibas a poder querer, de la forma en que solías hacerlo, cada viernes, en cada ocasión que tenías. Pero, tengo aún más miedo a que deje de ser así, y yo siga aquí, viendo como regalas a otra el amor que sólo quiero que me pertenezca a mí, para siempre. Y no puedo seguir así, necesito tu calor, necesito que me agarres muy muy fuerte y que nunca nunca me dejes. Pero, hay algo dentro de mí, que me dice que no es así. Algo que me dice que este es un amor con fecha de caducidad, y que ésta está cerca. Y no lo aguanto, no lo asumo, no lo acepto, no lo quiero entender, no hay sitio en mi mente, ni cabida en la lógica ni en la razón, para aguantar una vida sin ti, sin tu mirada, sin esos besos en el cuello, que son rápidas vías hacia la locura.
Siento nueva presión, y veo como mi cuerpo llora por última vez. Quizá sólo me quede decir, hasta siempre, mi vida. En ambos sentidos.
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