15.6.10

Mil veces trazaste el mismo plan, detallabas todo a la perfección, observando cada mínima parte y cantando victoria antes de llevarlo a cabo. Lo tenías todo pensado, cada milímetro calculado, y, sin embargo, no pudiste prever eso.
El ingrediente definitivo, el detonante explosivo, el último trazo del círculo para redondearlo, la pata que cojeaba. Te equivocaste, por imprudente, y por prepotente, y olvidaste la cara más importante de la moneda. Ahora, solo queda esperar.
A que se asienten las cosas, a que tu error se solvente. Porque de nada sirve lamentarse si las cosas salen mal, eso es de débiles. Lo que hay que hacer es salir de ahí y comerse el mundo, o, si no, el mundo te acaba comiendo a ti.
Quizás todo se dio la vuelta en el último momento, quizá debió ser así desde el primer momento. Eso ya no tiene importancia. No se pueden cambiar los hechos, ni arreglarlos, ni tiene sentido lamentarse por ello. Avanzar hacia alante, y nunca hacia atrás, es el verdadero secreto, pues si pasas la vida mirando el pasado, de seguro chocarás con el presente, y quizá nunca veas tu futuro.
Despacito y con buena letra, y recuerda, se empieza por los bordes, y luego hacia dentro.

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