27.3.10

Y pensar, que hubo un día en el que llegó a importarme, en que llegué a pensar que valía la pena. Cuán equivocada estaba. En realidad, es algo que debería haber previsto, que se veía venir. Llevaban un tiempo asomando nubes negras que encapotaban mi cielo, pero quise mentirme a mí misma pensando que todo iría bien, que no eran más que falsas alarmas. Reitero, cuán equivocada estaba. Era evidente que la tormenta acabaría por estallar, tarde o temprano, de un modo u otro, pero jamás hubiera podido adivinar que empezaría a llover tan fuerte, tanto que cala la piel y perfora los huesos, ni que los rayos y truenos fuesen a descargar con semejante potencia. Pero, sinceramente, nunca creí que la lluvia me fuese a importar menos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario