25.3.10

Vuelve con ella. Sé que la quieres, obviamente más de lo que podrías llegar a quererme a mí. Sé que la echas de menos, que piensas en ella cuando yo no estoy, y cuando estoy también. Que cuando ella está, yo soy invisible. No quiero ser un impedimento, no quiero estar en medio. Quiero que seas feliz, y si eso implica estar sin mí, sólo me queda desearte suerte, y recordarte que estés donde estés siempre te querré. No te voy a decir que me sorprenda, mentiría. En el fondo, esperaba este día desde el primer momento. El día en que te dieses cuenta de la verdad. Que no eres ni la mitad de feliz conmigo de lo que serías con ella, que no puedo darte lo que ella te da. No tengo posibilidades, porque juega en otra liga, en otro nivel. Y yo, lo acepto. Porque ya lo sabía, porque entendí desde que te conocí que tu corazón le pertenecía. Y me duele, lo admito, me duele como si miles de cuchillos me atravesaran lentamente, hacia arriba y hacia abajo, regodeándose del calor de mi sangre, cayendo como cascadas. Me duele como si me hubieran arrancado el alma, peor que la muerte. Pero debo callarme, hacer como si no pasara nada, porque es lo mejor. Ya entendí, con el paso del tiempo, que soy un lastre, un fallo genético, que lo único que provoca en la vida de los demás son problemas, cómo no, yo siempre en medio. Con lo fácil que sería quedarme a un lado, viviendo mi vida desde un segundo plano, yo voy y me empeño en lo imposible, me empeño en intentar ser feliz. Debería tener bien sabido que eso es algo que no está hecho para mí. Que mi máximo es tocarla con la punta de los dedos, para ver a qué sabe, y saber lo que me pierdo. Lo dicho, sé que ella es para ti, así que, desde este momento, yo me quito de en medio..., de un modo u otro.
Eso sí, siempre tuya.

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