Quizás, ya no sea como al principio,
quizás, la magia se apagó,
o, quizás, estás demasiado ocupado con cosas triviales como para darte cuenta que a lo mejor, en algún lugar del mundo, quizá hasta detrás tuya, haya alguien esperándote, que te ama y te necesita, que le duele tu ausencia aunque estés a un centímetro... y no lo notes.
Tampoco son cosas que se vean a primera vista. Tienes que mirar en lo más profundo de la mirada, donde ves ese brillo inconfundible que deja la soledad a su paso, cuando las telarañas empiezan a formarse poco a poco, donde terminan los recuerdos. En esos momentos en los que el alma se te cae a pedazos, y la sonrisa se esfuma, nadie sabe dónde.
El único capaz de encontrarla, eres tú, mi coleccionista de sonrisas, que las encuentra incluso cuando están más escondidas en mi fondo. Pero esta vez, parece que no quieres buscarla, que te da igual que se pierda o que la eche de menos, que el brillo de la soledad inunde mi mirada de esa forma tan abrumadora.
Quizás, no te importe que la magia se apague.
Y yo, mientras, hago como que no me doy cuenta, y sigo queriéndote como si nada más existiese, ilusa como una niña pequeña en la víspera de navidad, como si tú sintieses lo mismo...
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